Cuando se habla de descanso, una de las preguntas más habituales es cuántas horas deberíamos dormir cada noche. A lo largo de los años se han popularizado cifras redondas y mensajes simplificados, pero la realidad es algo más compleja. No existe una cantidad exacta de horas que funcione igual para todo el mundo, aunque sí hay rangos respaldados por la evidencia científica.
En el caso de los adultos, la mayoría necesita dormir entre siete y ocho horas por noche para mantener un buen funcionamiento físico y mental. Este intervalo no es arbitrario: responde a la observación de cómo reacciona el organismo cuando el descanso es suficiente y qué ocurre cuando se recorta de forma sistemática. Dormir menos de lo necesario de manera habitual no suele provocar un problema inmediato, pero sí genera un desgaste progresivo que acaba manifestándose con el tiempo.
Uno de los errores más frecuentes es pensar que el cuerpo se acostumbra a dormir poco. En realidad, lo que ocurre es que muchas personas aprenden a convivir con el cansancio, normalizando una sensación de fatiga que ya forma parte de su día a día. Falta de concentración, menor rendimiento, cambios de humor o dificultad para tomar decisiones son algunas de las señales más comunes de un descanso insuficiente, aunque no siempre se relacionan directamente con el sueño.
Además de la cantidad, la calidad del descanso juega un papel fundamental. Dormir ocho horas con interrupciones constantes no equivale a dormir siete horas de forma continua y profunda. Los despertares nocturnos, incluso cuando no se recuerdan al día siguiente, fragmentan el sueño y reducen su capacidad reparadora. En muchos casos, estos microdespertares están relacionados con factores físicos, como una mala postura o un soporte inadecuado durante la noche.
Aquí es donde el entorno de descanso adquiere especial relevancia. Un colchón que no se adapta al cuerpo o una almohada incorrecta pueden provocar tensiones musculares y cambios posturales que interrumpen el sueño de forma repetida. En Centro Sueño, donde asesoramos a personas de Colmenar Viejo, Torrelaguna y Albacete, vemos con frecuencia cómo mejorar estos elementos tiene un impacto directo en la calidad del descanso, incluso sin aumentar el número de horas dormidas.
También conviene tener en cuenta que las necesidades de sueño cambian a lo largo de la vida. La edad, el nivel de actividad física, el estrés o determinadas circunstancias personales influyen en la cantidad y el tipo de descanso que cada persona necesita. Por eso, más allá de perseguir una cifra concreta, resulta más útil observar cómo nos sentimos durante el día: si tenemos energía, claridad mental y capacidad de recuperación, probablemente el descanso está cumpliendo su función.
Dormir bien no consiste solo en pasar más tiempo en la cama, sino en crear las condiciones adecuadas para que ese tiempo sea realmente reparador. Entender cuántas horas necesitamos y qué factores influyen en la calidad del sueño es el primer paso para empezar a cuidarlo de verdad.

