
Existen determinados factores cotidianos que influyen de manera directa en la calidad del sueño y que, sin embargo, a menudo se pasan por alto. La luz, la actividad física y la siesta forman parte de un mismo engranaje que regula el ritmo sueño-vigilia y condiciona cómo descansamos por la noche. Comprender su papel permite tomar decisiones más conscientes para mejorar el descanso.
La luz es uno de los principales reguladores del reloj biológico. La exposición a la luz natural durante el día, especialmente por la mañana, envía una señal clara al organismo de que es momento de activarse. Esta información es fundamental para que, al caer la noche, el cuerpo inicie de forma natural los procesos que favorecen el sueño. Por el contrario, una exposición insuficiente a la luz diurna o un exceso de luz artificial por la noche puede alterar este equilibrio y dificultar el descanso.
El uso prolongado de pantallas en las últimas horas del día merece una mención especial. La luz emitida por dispositivos electrónicos puede interferir en la producción de melatonina, la hormona que facilita el sueño. Esto no significa que haya que eliminar por completo su uso, pero sí ser conscientes de su impacto y reducirlo progresivamente a medida que se acerca la hora de acostarse.
El ejercicio físico regular es otro gran aliado del descanso. Mantenerse activo durante el día ayuda a liberar tensiones acumuladas, mejora el estado de ánimo y favorece un sueño más profundo y reparador. No obstante, el momento en que se practica actividad física es importante. El ejercicio intenso a última hora puede resultar estimulante y retrasar la conciliación del sueño, mientras que hacerlo por la mañana o a primera hora de la tarde suele tener un efecto positivo.
La siesta, por su parte, puede ser una herramienta útil si se utiliza correctamente. Una siesta breve, de no más de veinte o treinta minutos y realizada a primera hora de la tarde, puede ayudar a recuperar energía sin interferir en el descanso nocturno. Sin embargo, las siestas largas o tardías pueden reducir la presión de sueño y dificultar conciliar el descanso por la noche.
En Centro Sueño abordamos estos factores como parte de un enfoque global del descanso. La combinación de hábitos diarios adecuados y un entorno de descanso bien diseñado permite aprovechar al máximo los beneficios de la luz, el ejercicio y el descanso diurno, favoreciendo un sueño más estable y reparador.